Mírala pero no la prendas.

Foto: Rebeca Saray Workshop 

Escrito por: Obi Feuervogel

Hace un par de días, un amigo me preguntaba cómo fue la celebración en Alemania, por la victoria contra México en un partido de fútbol, mi respuesta al parecer le desconcertó, ya que le dije que a diferencia de México, aquí no se paralizaron labores, aquí no se detuvo el mundo. Recuerdo haber visto uno que otro comentario en redes sociales pero aquí la vida seguía. Ese día, la única preocupación que se sentía, era debido a una tormenta que tomó desprevenidas muchas ciudades, entre ellas Berlín y se vivieron horas caóticas, pero ninguna preocupación debida al fútbol.

A mi amigo le sorprendió también saber que desde hace 4 años, no tengo televisor y por ende no veo en general televisión, desde hace años decido lo que veo, pero todo a través de internet haciendo “streaming”, un término que en Europa tiene una particular relevancia. El no ver televisión no quiere decir que no estoy informado de lo que pasa en el mundo, es simplemente que yo decido cuando, como y que quiero ver. En Alemania el streaming, es decir ver series, películas y en general, contenido online es más importante que en algunos otros países y muchas televisoras ofrecen el mismo contenido a través de internet, con la facilidad de ver programas que quizás por tiempo, alguien no pudiera ver en la fecha u hora de emisión.

Alemania tiene un impuesto llamado “GEZ”, que se paga por cada vivienda y cuyo objetivo es “supuestamente” garantizar una televisión con contenido de calidad, es decir, en Alemania hay televisión pública, pero se pagan hasta 17,50 Euros al mes según sea el caso. Da igual si uno tiene o no un televisor, el impuesto toma en cuenta que en cada vivienda por lo menos se escucha la radio o se ve programas, ya sea en un televisor o en alguna computadora.

Al principio no entendía porque yo tenía que pagar por algo que en teoría “no usaba”, pero mi opinión cambió al ver los noticieros (por mencionar un ejemplo), me dí cuenta de la diferencia abismal en comparación con otras televisiones públicas de otros países. El impuesto como ya he dicho, garantiza la calidad de los contenidos y creo que gracias a ello, la total independencia de la televisión pública con el gobierno, así como la libertad de las opiniones, y es ahí la razón de porque en algunos debates las críticas a favor o en contra para con el gobierno actual de la Canciller Ángela Merkel es totalmente imparcial, con esto quiero decir que no todos “le bailan el agua” a “Frau” Merkel. Considero que los periodistas en Alemania tienen una total libertad de expresar una opinión sin temor a una represalia o sin algún miedo. Y es aquí cuando me atrevería a decir que televisoras como Televisa o TV Azteca fracasarían en Alemania, porque su contenido no está a la altura de los noticieros, programas de debate, reportajes, cultura, etc. en este país.

Continuando con este análisis, me he acordado de una mítica frase de mi padre, siempre que pedía permiso para ver “la tele”, su respuesta era siempre ésta: “Mírala pero no la prendas”. Y es ahora cuando para mí, -sin quererlo mi padre-, tiene esta frase total relevancia en mi actualidad. En mi infancia, siempre hubieron programas, películas, series que formaron no solo parte de mi vida sino la formaron en sí. Esa programación prendió algo en mí, que me ha hecho encarar, recordar o vivir una realidad en un mundo, mi particular forma de ver la vida.

Y es que con toda honestidad, me daría horror pertenecer a una generación que tenga como referente cultural a una serie como lo es por ejemplo “La Rosa de Guadalupe”, porque para comedia prefiero la de los “Monty Python”. Mi infancia y juventud la formaron La Abeja Maya, Cachirulo, Odisea Burbujas, Chabelo, Chespirito, MacGyver, Manimal, Star Wars, Wes Craven, The Goonies, Stephen King, y con el paso del tiempo me hice fan de todo el arte en todos los ámbitos, creado en los años 80s (y actualmente lo sigo haciendo). Claro que sería tonto de mi parte, negar que no he visto telenovelas o algún contenido de la llamada “Telebasura”, pero yo las recuerdo de otra manera, porque hasta para hablar de eso, la calidad actoral no se resumía en “Nandito ¿Qué haces besando a la lisiada?”. Las telenovelas las recuerdo como un momento especial con mis padres, cuando siendo tan pequeño, mientras veía “La Indomable” me quedaba dormido en brazos de mi padre. Y la Telebasura simplemente me divierte en momentos puntuales.

Llegados a este punto, me alegra que haya tanta variedad, muchas opciones que ver, que oír y que disfrutar. El streaming está obligando a las anticuadas televisoras, a que se renueven o sigan vendiendo lo mismo, pero disfrazado de otro formato. Me encantaría que lo que vemos no solo nos divierta, sino también encienda, prenda algo dentro de nosotros, para cambiar cosas, modificar posturas y/o acercarlas, para abrir puertas donde puedan entrar sueños y para verlos crecer. Contenido que mueva algo dentro de nosotros.

No todo está perdido, porque estoy seguro que habrá una generación cuyo referente podrá ser una serie como Stranger Things, las ideas de sangre política nueva como Pedro Kumamoto o una película como Wonder Woman, ésta última cuya foto de Rebeca Saray da vida e inspiración a este artículo. Ya que la emoción de que a una niña se le diga, tú puedes ser una princesa, pero una princesa diferente, ve toma tus decisiones, toma lo que es tuyo y defiende tus ideales, me emocionaron al grado tal de escribir esto. Veamos todo lo que nos divierte y nos quedemos con todo lo que nos pueda hacer crecer como personas. Si quieres ver la tele, mírala pero quédate con todo aquello que prenda algo bueno en ti.