LA TRANSICIÓN DE LOS ROLES DE GÉNERO

Escrito por Alma Urtecho.

 
Uno de los rasgos que caracterizan tanto el siglo pasado como el actual, es la incursión de la mujer en distintos ámbitos de la sociedad y no solo en la familia como se había venido mostrando desde siglos atrás. Esta incursión estuvo determinada en gran medida por los movimientos feministas desarrollados en distintos países del mundo, estableciendo una nueva forma de visualizar a las mujeres (dejando atrás el tan remarcado estereotipo impuesto por el patriarcado que las encapsula como personas dedicadas al trabajo doméstico y la crianza de hijos e hijas) mostrando ahora a las mujeres como personas tan independientes como los hombres.
Esta independencia generó múltiples cuestionamientos sobre la nueva actitud de las mujeres en un mundo “creado” para los hombres. Es por ello que comienzan a realizarse estudios encaminados a determinar o delimitar el papel de las mujeres a partir de los movimientos feministas, haciendo hincapié en que estos estudios como menciona Marcela Lagarde, no ignoran a la contraparte femenina, sino que procuran integrar tanto a mujeres como a hombres para así especificar las características de la mujer de hoy.
Hablamos de características de la mujer de hoy, puesto que desde tiempos inmemoriales, a partir del nacimiento inicia un proceso de atribución de características femeninas o masculinas determinadas por el sexo al que se pertenece, las cuales dan pauta para delimitar sus actividades, conductas y esferas de vida, debido a que en cada cultura, la diferencia sexual es la constante en torno a la cual se organiza la sociedad y con base en ella se determina lo que es propio de cada sexo. Es así como se despliega la “lógica del género”.
Es importante puntualizar que con el surgimiento de los estudios de género, comenzó a producirse una confusión entre lo que es sexo y lo que es el género, motivo por el cual se inició la delimitación del dignificado de ambos términos.
Jayme y Sau definen el sexo como una realidad biológica que implica procesos de sexualización prenatales; es decir, está determinado por la diferencia sexual visible inscrita en el cuerpo, esto es, la presencia de ovarios, útero, vagina y clítoris o del pene y testículos.
En cambio el género es un término aplicado a la descripción de aquellos componentes no fisiológicos del sexo que culturalmente se consideran apropiados para los hombres o para las mujeres, por ello el género tiene un carácter adquirido mediante la socialización, es de origen histórico y se relacionan con los significados que cada sociedad les atribuye, de este modo hablamos de que existe una realidad psicosocial totalmente diferente para mujeres y para hombres.
Mientras que a un hombre se le asignan características relacionadas con la inteligencia, el poder, la fuerza, determinación y liderazgo, a las mujeres se les adjudican el sentimentalismo, debilidad, empatía, vulnerabilidad y conflicto. Mientras que ser un hombre determinado es bueno, ser una mujer determinada es casi sinónimo de testarudez. Los hombres son “líderes natos” las mujeres somos conflictivas y/o mandonas, difícilmente podremos ser consideradas aptas para puestos de poder y de lograr estar en uno, la gran mayoría de las personas adjudicarán ese logro a razones poco relacionadas con sus capacidades o habilidades que la muestran como la persona idónea para ese puesto de trabajo, más aún si sus subordinados son mayormente hombres.
Nunca he escuchado la expresión “seguramente se acostó con alguien para obtener el puesto” haciendo referencia a un hombre, cuando se emplea esa frase siempre hace alusión a una mujer, porque en el imaginario patriarcal, una mujer no tiene capacidades para dirigir u organizar a un grupo de personas, pese a hacerlo todos los días en el hogar o en el jardín de infantes (hablando de espacios reservados para nosotras las mujeres). Cabe destacar que esta lógica de género afecta también a algunos hombres, por citar un ejemplo los enfermeros, quienes son catalogados como un hombre a quien no le alcanzaron los conocimientos para ser médico, por lo que tuvo que conformarse con ser enfermero.
Actualmente mujeres y hombres comenzamos a cambiar esta lógica y nos atrevemos a hacer o actuar de formas que convencionalmente no son tan aceptadas, sin embargo, con el paso de los años y al cambiar percepciones podremos se libres de actuar y pensar fuera de lo que dicen que es el molde que nos contiene. Antes sólo habían mujeres dedicadas ciento por ciento al hogar, ahora hay algunas familias en las que es el hombre quien se dedica al hogar, mientras la mujer trabaja fuera de casa. Este simple cambio de roles, viene a modificar, aunque sea de manera mínima, la lógica de género que nos mantenía a las mujeres cautivas cubriendo expectativas socioculturales obsoletas, y a los hombres les obligaba a mantener ese papel de perpetuo proveedor.
Sin embargo, aún en nuestros días, el decir que una mujer es ama de casa es sencillo, podemos pensar que quiere dedicarse completamente al cuidado de los hijos y del hogar, digamos que es menos dramático; no obstante, decir que el hombre está dedicado al hogar es como decir que está en una etapa complicada por el desempleo que aqueja a la sociedad globalizada, por lo que no tiene más remedio que ser quien cubra las tareas del hogar y cuidado de hijos e hijas en lo que su esposa se esfuerza por cubrir los gastos, se piensa que el hombre en el hogar es una situación temporal y que en cuanto “mejoren las cosas” podrá ocupar el lugar que debería tener, el de proveedor y jefe de familia, aun cuando desempeñe esa labor por elección y gusto propio.
Hace poco entrevistando a unos jóvenes me encontré que de veintiocho familias, en veintisiete de ellas la madre era ama de casa, únicamente se dedicaban al hogar y la familia, quien era el proveedor, quien cubría gastos y trabajaba fuera de casa el padre incluso aunque los padres estuvieran divorciados; solamente una familia, de esas veintiocho, era la madre quien sostenía la economía familiar, el padre era “amo de casa”. El chico que me lo comentó casi lo dijo en un susurro, apenado “mi papá no trabaja, se dedica al hogar”. ¿Por qué sentir vergüenza por una actividad que es necesaria en todo el mundo?, el cuidado de la familia y el hogar, es la actividad más compleja y demandante a desarrollar, es la que exige más en todos los sentidos y de igual manera es la menos reconocida.
Por otro lado, las actividades u oficios que fueron reservados para los hombres, también han sufrido algunos cambios, un ejemplo sencillo, las mujeres que desempeñan trabajos no tradicionales, sobre todos los relacionados con el ámbito de la construcción. En la Ciudad de México, durante la gestión de Marcelo Ebrard Casaubón como jefe de gobierno, se publica en la Gaceta oficial del distrito federal el 8 de marzo de 2010 el programa general de igualdad de oportunidades y no discriminación hacia las mujeres de la Ciudad de México, en el cual se plantean nueve ejes temáticos que pretenden posibilitar dicha igualdad, entre ellos el eje cinco referente al acceso a procesos educativos integrales y el eje siete correspondiente al acceso a beneficios del desarrollo económico y social. Para ello, entre otras acciones, impartieron cursos de diferentes oficios dirigido para mujeres; quienes participaron, desarrollaron habilidades para realizar trabajos de plomería, albañilería, herrería, electricidad, entre otras. Las mujeres que llevaron estos cursos, se sintieron capacitadas para realizar cualquiera de estas actividades, sin embargo, fueran pocas las que lograban ser contratadas, los empleadores al ver que se trataba de una mujer, decidían no darles el trabajo o “conformarse” porque les urgía la reparación, pero en ambos casos existía la creencia de “estará mal hecho” quien optó por con conformarse se pudo llevar una grata sorpresa, quien no se “arriesgó” no se dio la oportunidad de conocer a una muy buena trabajadora.
Este mismo proyecto se llevó a cabo desde el año pasado en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; impulsado por la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC) delegación Chiapas y la asociación civil Keremetic Ach’Ixetic en la que más de 400 mujeres fueron capacitadas para desempeñar oficios no tradicionales, como lo son plomería, electricidad, soldadura y acabados con el objetivo de proveerles conocimientos para que puedan tener autonomía económica o formar su propia empresa de servicios. Algunas asistentes, tomaron el curso por curiosidad, otras tantas por necesidad, pues se les proveería de saberes que les ayudarían a mantener económicamente sus hogares, o les servirían como ahorro familiar al ya no tener que pagar por alguno de estos servicios. Lo cierto es que durante los talleres, las mujeres se sintieron motivadas, valoradas y capaces de hacer lo que se supone debería realizar un hombre.
En la construcción de la nueva mujer de hoy, se busca trascender, conquistar y/o recuperar espacios de acción, liberarse de compromisos impuestos y adquirir los propios, se pretende responder a necesidades propias y adquirir nuevos derechos y por lo tanto nuevas obligaciones, renunciando a los roles heredados, no por desobligadas, no por egoístas, no por falta de amor, sino por convicción, por amor propio, algunas mujeres realizarán cosas nuevas sin renunciar a sus “obligaciones” con la familia y el hogar, por gusto, por costumbre o porque no tienen más remedio que hacerlo de ese modo. Las mujeres de hoy podemos decidir qué, cómo, cuándo y dónde hacer lo que deseemos sin remordimientos de conciencia, sin considerar que abandonamos lo que el colectivo patriarcal establece como “nuestras funciones de mujeres”; pese a ello existe un gran pero en esta transición de roles y se relaciona con el valor que se le da a nuestros esfuerzos como mujeres en el ámbito laboral remunerado, debido a que entre mujeres y hombres, los salarios son desiguales teniendo los mismos trabajos y quienes quedan en desventaja nuevamente somos las mujeres. Este es un tema que habré de retomar en otra ocasión pues merece el esfuerzo abordarlo.

Arango, l; León, M; Viveros, M. (1995). Género e identidad, ensayos sobre lo femenino y lo masculino. Bogotá: Tercer Mundo Editores.
Jayme, M. y Sau, V. (1996). Psicología diferencial del sexo y el género. Barcelona: Icaria Antraz.
Lagarde, M. (1996). Género y feminismos: desarrollo humano y democracia. España: Horas y Horas
Pedrero, M. (1992). La segregación ocupacional femenina y la democratización de la sociedad. En Vázquez, M. y Mermo, L. (comps). Género análisis y multidisciplina. Morelos: UNAM
http://www.ordenjuridico.gob.mx/Documentos/Estatal/Distrito%20Federal/wo45404.pdf

Concluyen mujeres “Taller de Oficios No Tradicionales” impartido por Cmic Chiapas y el Ayuntamiento de Tuxtla