LA MUJER TRABAJADORA EN MÉXICO, ALCANCES Y NECESIDADES.

Foto: UniEnsenada.com

Por Alma Urtecho
La semana pasada se conmemoró el Día Internacional del Trabajo, no creo necesario profundizar en los hechos que propiciaron establecer el 1 de mayo como día para reconocer las conquistas en materia laboral que, se supone, protegen a toda persona trabajadora en el mundo, mismas que, como mayor logro reconocido, quedan reducidas a tener una jornada de 8 horas diarias y pago de horas extra en caso de sobre pasar ese tiempo.
Los alcances laborales han sido evidentemente diferentes para las mujeres trabajadoras en comparación con la realidad de los hombres trabajadores. Para empezar por cuestiones de sexo, la mujer por el simple hecho de nacer mujer estaba considerada como un ser incapaz de trabajar, esto en la esfera pública, es decir el trabajo productivo, pues las labores domésticas eran (y en algunos hogares sigue siendo así) exclusivas de ellas. Con el paso del tiempo y con las necesidades explícitas de la industria, los movimientos bélicos y las actividades de acompañamiento, asistencia y cuidado, la participación de las mujeres en actividades “productivas” fue más que obligado; pese a ello, los esfuerzos de estas mujeres no han sido valorados como se merecen; antes más que ahora, pero las diferencias aún existen. Los salarios desiguales son claro ejemplo de ello. Aunado a esto, creo importante volver a mencionar que las trabajadoras no dejaron de realizar las tareas consideradas exclusivas: el cuidado familiar y del hogar (actividades reproductivas), hablamos entonces de una doble o hasta triple jornada, el trabajo fuera del hogar, y el trabajo al interior del hogar y el cuidado y crianza de hijos e hijas.
En México el papel de la mujer ha sido muy plano durante mucho tiempo, y podemos analizarlo a partir de la época prehispánica, periodo en que la mujer se consideraba como motor de la familia y todas sus actividades giraban en torno a la misma, sus obligaciones incluían la elaboración de alimentos y tejidos así como todo aquello relacionado con el cuidado del hogar, esto para mujeres sin estatus de nobleza. En cambio las mujeres nobles eran consideradas objeto de preservación del poder mediante la procreación, pero con las mismas limitantes en su campo de acción, la familia. Durante la colonia, el rol de las mujeres estuvo determinado por la iglesia, con la constante de mantenerlas en el ámbito reproductivo y de cuidado y/o acompañamiento, subordinada al hombre y relegada a las tareas domésticas. A partir de 1870 las mujeres pudieron acceder a la educación, la cual tenía el propósito de expandir la lengua castellana en nuestro país y asimilar la vida española, pero sin ceder el poder ni la capacidad de decidir, por lo que, en ese periodo, se mantiene a la mujer en su papel de madre de familia cuidadora, dependiente del hombre y religiosa. Es a partir de los movimientos de independencia que las mujeres comenzaron a demandar respeto y buscaron formas de expandir sus campos de acción, participando activamente aunque de manera oculta en el movimiento independentista y es así como las mujeres comienzan a “sobrepasar” los roles establecidos para ellas, aunque solo de manera momentánea. Durante el porfiriato, las mujeres se mantuvieron en el hogar, pero podemos comenzar a hacer una mayor diferenciación en los roles de las mujeres dependiendo de la clase social a la que pertenecían, por un lado la clase alta se dedicaba a “disfrutar” de sus privilegios, la mujer de clase media debió buscar los medios para desarrollarse y prosperar; y las mujeres de la clase baja, siendo las más desprotegidas no tenían modo de salir adelante por sí mismas y si estaban casadas con hijos, debían buscar la manera de contribuir al sustento familiar y de esta manera se inserta en el campo laboral en la esfera pública. Esta inserción no pudo propiciarse de no existir la demanda de mano de obra por parte de la industria y es de relevancia mencionar que la mano de obra de una mujer implicaba una inversión menor, es decir, a la mujer se le pagaba menos. La precaria economía Mexicana en ese periodo orilló a que el gobierno reclutara a mujeres de élite, para ayudar en el trabajo municipal y es así como estas mujeres se encuentran de golpe con una realidad muy diferente a la suya y comienzan con un trabajo asistencialista de la mano de la iglesia, conjuntándolo con sus responsabilidades heredadas de cuidado familiar y administración del hogar.
A partir de esta etapa, el porfiriato, que el trabajo femenino, es objeto de críticas, de la moral burguesa que condenaba a las mujeres trabajadoras por abandonar sus hogares, pero sobre todo, ellas fueron blanco de abusos pues aprovechándose de sus necesidades; eran explotadas, con las mismas condiciones desfavorables que los hombres obreros, pero con un salario evidentemente menor y condiciones de violencia extrema. Las realidades de las mujeres obreras, costureras, cigarreras, tipógrafas y las mujeres en las instituciones educativas, era similar, todas fueron objeto de abusos, todas fueron explotadas y todas fueron minusvaloradas.
Y es también en esta etapa cuando las mujeres “educadas” comienzan a manifestar con mayor ímpetu sus ideas: exigiendo mayor acceso a las instituciones educativas, al trabajo remunerado y a la participación política, esto obviamente influenciado por los movimientos feministas de Europa y el movimiento sufragista en Estados Unidos. La prensa nacional, reprobando estas manifestaciones imprimían artículos en los que atacaban a las mujeres con ideas “liberales”; la respuesta, creación de medios escritos feministas La Mujer, La Mujer Mexicana, El Album de la Mujer, El Correo de las Señoras, Violetas de Anáhuac, entre otras, en los que se planteaba la necesidad de que la mujer se emancipara participando en la vida civil y social y con disfrute de los mismos derechos que los hombres. En ese entonces, la participación de las mujeres en las universidades era muy baja ,pero con incrementos paulatinos.
Es durante la lucha armada de la revolución en que las mujeres tienen una mayor participación en la esfera masculina, si bien inicialmente formaron parte de los cuarteles como cuidadoras y proveedoras de alimentos, más adelante participaron activamente en la lucha armada, también dispararon y organizaron grupos y aunque existe evidencia de su intervención, “las generalas” no son tan mencionadas y fueron relegadas en la historia como “seguidoras de su Juan”. Por el momento no es de mi interés profundizar en las luchas de las mujeres después de la revolución, pues es un tema que abordaré en otra ocasión. Pero sí es importante mencionar que uno de los logros de la lucha fue el reconocimiento del trabajo de las mujeres y a la par que el de los hombres; sin embargo no fue una realidad, por lo que solo quedó en el papel.
Desde 1916 hasta 1956, a las mujeres se les hace justicia y comienzan a disfrutar de derechos civiles como el divorcio, reconocimiento de la igualdad de derechos y obligaciones, ser reconocidas como ciudadanas y permitirles la participación política. A pesar de estas victorias plasmadas en la Constitución, la realidad fue muy diferente pues el que las mujeres trabajaran o no, era decisión del esposo, no de ellas. Posterior a esta temporalidad, el papel de la mujer trabajadora en México no cambió considerablemente, seguramente por la polarización creada entre los grupos que condenaban el abandono de los hogares y el grupo que pretende lograr una participación de las mujeres en esferas aún negadas. Una certeza es que muchas mujeres se limitaron a trabajar y cuidar el empleo, por necesidad económica y no por estar sensibilizadas ante las realidades de la desigualdad.
Tomando en consideración este breve panorama del desarrollo del papel de las mujeres trabajadoras en México, podemos reconocer una constante, si bien, se insertaron en el campo laboral productivo, no dejaron de cumplir con las tareas del campo reproductivo, no dejaron de ver por sus familias, de cuidarlas; después de cumplir con su jornada de ocho horas debían regresar a casa, para revisar tareas de los hijos, preparar alimentos, limpiar el hogar y recibir al esposo trabajador, en caso de haber tal.
El papel de madres no podría dejarse de lado, se estaba obligada a cumplir con las responsabilidades milenariamente heredadas y dar además el ciento por ciento en su trabajo fuera del hogar.
Hoy el esfuerzo de todas las mujeres que nos precedieron y nos obsequiaron esta idea sobre igualdad de derechos y obligaciones, (lo describo como idea porque faltan muchos espacios que explorar, trabajar y aprovechar al máximo) estos alcances nos permiten eliminar los remordimientos de antaño que mostraban al trabajo de las mujeres como un abandono del hogar, en la actualidad ser mujer trabajadora, con una familia, un hogar y un círculo social propio, es algo que se comienza a ver como natural y pretende que los espacios no sean exclusivos, debe existir una inclusión total en lo público, y privado, lo social y lo personal, la mujer debe llegar a una mayoría de edad en cuestión de exigencia de derechos, no hay que solicitarlos, debemos obtenerlos.
Entre los alcances de la lucha laboral de las mujeres tenemos algunos logros, a nivel legal, en papel y letras pero aún falta mucho por obtener, las mujeres trabajadoras, en algunos ámbitos llegamos a tener menores percepciones que los hombres, somos objeto de acoso, abuso y hostigamiento, continuamos siendo discriminadas y minusvaloradas, se nos llega a exigir más que a un hombre, se cuestiona nuestro profesionalismo y juicio por razones hormonales, se ponen en duda los motivos de nuestros logros… es apremiante que el rol de género se diluya al grado que en un futuro, y espero no se quede en una simple utopía, todo el mundo sea zona libre de género.

Chávez, M. y cols. (2010). Trabajo Femenino. Las nuevas desigualdades. UNAM, Instituto de Investigaciones Económicas. México.
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Galeana P (2014) Revolución de las Mujeres en México. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones. México.

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