“Masturbación”, relación con la religión y la realidad.

Por: Anahí Vázquez Pérez.

Hablar de masturbación sigue siendo controversial en esta sociedad, esta sociedad poco permisiva para el goce del placer, y así vemos como se continua castigando desde el discurso doble moralista y no reconociendo la vivencia propia desde la limitante religiosa e individualista.

Se ha dicho que la palabra masturbación proviene del vocablo latino manus stuprare, algo así como “cometer estupro contra uno mismo utilizando las manos”. La palabra onanismo que, como se sabe, es otra manera de nominarla, deriva de Onán, personaje bíblico que, a la muerte de su hermano, le fue ordenado por mandato divino copular con la viuda. Para no embarazarla, eyaculó fuera de la vagina de su cuñada, tras lo cual, “por la pérdida de simiente y la desobediencia de la ley de Levirato”, fue castigado por Yahvé.  Podrá observarse que, en realidad, más que un acto masturbatorio, fue el primer caso consignado de coitus interruptus. Por lo tanto, ambas palabras: masturbación y onanismo llevan implícita una connotación negativa. Históricamente la masturbación ha sido un tema tabú y controversial. A pesar de los conocimientos científicos actuales, aún existe desinformación, confusión y contradicción, no sólo en la población general, sino también en el personal de salud (Heiliger A,1985)

Todo este antecedente religioso de La historia de Onán, no se refiere a la masturbación, si no que se ocupa  solo de la pérdida “del gran producto masculino”, el semen. Sin embargo, las masturbación fue llamada “onanismo” y la mencionada historia de Onán, con su peso religioso, estuvo en las fuentes de quienes crearon  la campaña antimasturbatoria, dado que esta práctica en los varones, constituía una muestra de gran desprecio por la sustancia que entronizaba al varón como eje de la sociedad ( Di Segni,2013).

Se define la masturbación como todo acto autoestimulatorio que tiende a producir o incrementar la satisfacción sexual (Mc Cary J.,1983). Es así como en el año 388 A.C., Aristófanes, decía que la masturbación “era una práctica indigna de los hombres, exceptuando los niños, los esclavos y las mujeres”.

Partiendo de estos breves antecedentes me permitiré estipular dos cosas:

La primera; según los referentes la masturbación también es una cuestión de género y la segunda mucho del discurso que manejamos como mitos detrás de las masturbación, son sin fundamento alguno. Refiriéndonos a la primera, podemos decir que la prohibición de la masturbación en hombres  es  netamente por la pérdida del semen “ la semilla”, que  asegura la reproducción que en esa época era necesaria para la sucesión del poder, que no aplica lo mismo para las mujeres, aunque en su mayoría practicamos la auto estimulación, en muchas ocasiones se vive con culpa por la enseñanza “del pecado”, reforzando papeles como la sumisión y solamente cediendo la decisión del placer sexual desde la aprobación del otro/a.

Y la segunda, es porque todos los mitos que hay detrás como “ se te va a secar la mano”, “ se te va a podrir la mano o el pene”, “ te vas a volver loco/a”,  solo son mitos para reforzar la no vivencia del placer sin la reproducción. En esta sociedad falocrática en la que vivimos el goce y disfrute de la sexualidad, no es lo mismo para todos/as; ¿cuántas veces hemos sentido placer con culpa?, ¿ sabemos de dónde proviene? O bien, solamente nos respondemos desde: “así es”, “así me enseñaron” y  más complejo aún, con todos estos patrones estructurados en educación de la sexualidad, seguimos enseñando a las nuevas generaciones con tabúes y desde la cultura del miedo.

Me parece que es momento de cuestionarnos en nuestro propio goce y disfrute del placer, ¿qué te limita vivir plenamente?  Te invito a que te hagas esa pregunta o bien  recuerda algún momento  en el que te hayas sentido limitada/o en tu derecho y analiza de donde vienen todos esos factores, ¿son tuyos netamente? o ¿son aprendido por el exterior?,  esto  nos permitirá cuestionarnos qué estamos haciendo para desmitificar todas estas ideas que más allá de un control de la reproducción, también  hay una represión implícita  de lo natural del goce y disfrute de del placer.  Es importante que analicemos el discurso doble moralista en el que vivimos, desde la religión como  institución, así como otras áreas en donde es importante cuestionar la represión hacia el placer y la permisividad a la violencia.

Comprendo que  podríamos profundizar más en el tema porque son tantas las aristas que tiene, que no terminaríamos con una simpleza o en unas líneas de este artículo… pero por ahora solo te invito a que reflexiones sobre la vivencia de tu propio placer, porque es desde el reconocimiento propio, donde se pueden generar cambios importantes para con las/os demás.

“No podemos pedir permiso de algo que nos pertenece”….

Referencias:

  1. Heiliger La angustia y el miedo en el niño. México: Ediciones Roca, 1985.
  2. Mc Cary J. Sexualidad humana, factores fisiológicos y psicológicos de la conducta sexual. México: Manual Moderno, 1983.
  3. Kinsey A, et al. Sexual behavior in the human female. Filadelfia: Saunders Ed, 1953.