EL GUERNICA: DE LA TRAGEDIA AL ARTE.

Por Alan Castillo.

“No, la pintura no está hecha para decorar las habitaciones.
Es un instrumento de guerra ofensivo y defensivo contra el enemigo.”
Pablo Picasso

Guernica, la villa más antigua de los vascos y el centro de su tradición cultural, fue completamente destruida ayer por la tarde mediante incursiones aéreas de los insurrectos. El bombardeo de esta ciudad abierta y muy alejada del frente, requirió exactamente tres horas y cuarto, durante las cuales una poderosa flota de aviones consistente en tres modelos alemanes, bombarderos Junkers y Heinkel y cazas Heinkel, no cesó de descargar sobre la villa bombas de 500 kilos para abajo, y un número de proyectiles incendiarios de aluminio y un kilo de peso, que se ha calculado en más de 3.000. Entre tanto, los cazas volaban rasantes desde el centro de la población para ametrallar a aquellos elementos de la población civil que se refugiaban en los campos. Toda Guernica pronto estuvo en llamas excepto la histórica Casa de Juntas, con sus ricos archivos de la raza vasca, y donde solía reunirse el Parlamento vasco. El famoso roble de Guernica, un seco tronco que cuenta 600 años y con los nuevos y jóvenes brotes de este siglo quedó también intacto. Aquí solían los reyes de España pronunciar el juramento de respetar los derechos democráticos (fueros) de Vizcaya, y a cambio recibían una promesa de obediencia como soberanos con el título democrático de señor, y no de rey, de Vizcaya. (George L. Steer, The Times, Londres, 28 de abril de 1937).”
Hace 80 años, Pablo Picasso recibió, en su domicilio de la parisina rue la Boëtie, el encargo de una pintura de manos del Gobierno de la Segunda República de España, se trataba de una obra que formaría parte del Pabellón de Español en la Exposición Internacional de París de 1937, con el fin de atraer la atención del público hacia la causa republicana en plena Guerra Civil Española, que sería organizada por los partidos comunistas de Europa.
La petición no incluyó un tema o petición en específico, salvo las medidas que ocuparía en el pabellón español de dicha feria internacional (una pintura mural que cubriera un espacio de 11×4 metros). Por entonces, Picasso tenía una complicada situación personal, que le hizo demorar el trabajo por varios meses, hasta aquel fatídico 26 de abril de 1937, cuando una pequeña ciudad del País Vasco, llamada Guernica, fue salvajemente bombardeada por la Legión Cóndor alemana y la aviación italiana. Tal agresión se considera primer crimen de guerra del que hay constancia en la historia. El objetivo era sembrar el terror, porque Guernica no tenía ninguna importancia a nivel militar, se trataba sólo de un símbolo, una ciudad de gran importancia para los vascos que había sido cruelmente mancillada. Un ataque que significó, no solamente el terror e incalculables daños materiales e históricos, sino también la fractura de nuestra civilización.
“Escuchamos caer una bomba, y otra, y otra, y otra… Aquello parecía no tener fin. Y cuando salí del refugio antiaéreo, encontré ante mí un paisaje aterrador. Todo mi pueblo estaba ardiendo, convertido en una gigantesca bola de fuego”.
(Luis Iriondo, 94 años de edad, sobreviviente de la tragedia).
Esa barbarie no dejó indiferente a nadie. Lo sucedido aquel día fue tan atroz, tan inhumano y trágico, que llevó a Picasso a plasmar su indignación a través de la pintura, la que con el tiempo se convertiría en la obra más famosa del siglo XX.
Para la realización de tan célebre obra, que no cabía en el taller habitual de Picasso, fue necesario buscar un espacio lo suficientemente amplio, ubicándose en el número 7 de la rue des Grandes Augustins. El edificio tenía una historia muy singular, ahí había situado Honoré de Balzac, el estudio del pintor protagonista de su novela “La obra maestra desconocida”, que, dicho sea de paso, Picasso había ilustrado en 1927.
Luego de 35 días de más de 40 bocetos, la obra en blanco y negro, quedó finalizada el 04 de junio de 1937. La obra, como tal, no relata el bombardeo a Guernica, no. Picasso se inspiró en la indignación qué tal atrocidad había causado y lo retomó como un símbolo del terror y la guerra. En torno a la obra giran muchas historias, una de las más conocidas cuenta que, en cierta ocasión, durante la ocupación NAZI (1940), un oficial asaltó el estudio del pintor París y al ver una fotografía del Guernica, le preguntó: “¿Fue usted el que hizo eso?” A lo que Picasso respondió: “No, ustedes lo hicieron”.
Picasso, declarado antifascista, con gran maestría supo reflejar la realidad política y social de España en ese momento. Al triunfo de Franco, Picasso decide que su obra no pisará suelo patrio hasta que acabe su gobierno, y es así que, durante 42 años, permaneció bajo resguardo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA). El 10 de septiembre de 1981, la obra más representativa del gran Picasso, volvía a suelo patrio. En palabras de Iñigo Cavero, entonces Ministro de Cultura, ese día volvía a España el último exiliado. Desde entonces han transcurrido ya casi 37 años.
Hoy en día y desde 1992, el Guernica reposa en el Museo Reina Sofía de Madrid, como símbolo de la unidad de las y los españoles, después de los años de guerra civil, un icono no solo artístico sino también político y social.

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