3 AÑOS SIN “EL GABO”…

Por: Alan Castillo

El pasado 17 de abril se cumplieron 3 años de la desaparición terrenal del escritor Gabriel García Márquez, figura fundamental del “Boom de la literatura latinoamericana” (fenómeno literario que surgió entre 1960 y 1970, cuando todo el trabajo de un grupo de novelistas latinoamericanos relativamente joven fue ampliamente distribuido en Europa y en todo el mundo), uno de los más grandes exponentes del “Realismo Mágico” (movimiento literario hispanoamericano surgido a mediados del siglo XX que se caracteriza por la inclusión de elementos fantásticos en la narración, con lo que se pretende profundizar en la realidad a través de lo mágico que hay en ella), Premio Nobel de Literatura 1982… entre otros tantos títulos que la historia le fue dando por su genialidad literaria, aunque los menos puristas (me cuento entre ellos), en un dejó de confianza, le llamemos “Gabo” (Eduardo Zalamea Borda, entonces subdirector del diario El Espectador, fue el primero en llamarle así), o “Gabito” (hipocorístico de Gabriel), porque, conocer su obra, es conocerle a él.

No podría decirse que el Nobel de Literatura fuera el primer reconocimiento que recibiera o que adquiriera fama a través de él, no, ya para entonces había sido galardonado con el Premio ESSO en 1961, el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Columbia en 1971, él Rómulo Gallegos en 1972, la Medalla de la Legión de Honor de Francia en 1981, entre muchos otros.

Sin embargo, hoy quiero dedicar especial atención a ese momento culmen en la vida del oriundo de Aracataca, cuando sumando cinco décadas de vida y un poco más, era distinguido por la Academia de las Letras de Suecia con el Premio Nobel de Literatura, una decisión que, según Andrés Ryberg, secretario ejecutivo de la Academia, había estado muy reñida entre los miembros del Comité de Selección.

Con estricta y protocolaria puntualidad, el secretario permanente y miembro de la Academia de las Letras de Suecia, Per Gillensten, anunciaba ante un nutrido grupo de periodistas y figuras del mundo literario, el nombre del colombiano Gabriel García Márquez como el destinatario del premio Nobel de Literatura 1982. En la laudatoria leída por Gillensten, el premio se le entregaba al escritor colombiano “por sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real son combinados en un tranquilo mundo de imaginación rica, reflejando la vida y los conflictos de un continente”. Esa mañana en su casa de la Ciudad de México, el colombiano comentaría: “¡esto es una broma!”.

En el mismo documento, la Academia sueca señalaba que, García Márquez “ha creado un universo propio -el mundo que rodea a Macondo, el pueblo por él inventado-. Desde finales de la década del cincuenta, sus novelas y cuentos nos arrastran a ese extraño lugar donde se dan cita lo milagroso y lo más puramente real -el espléndido vuelo de la propia fantasía-, fabulaciones desmedidas y hechos concretos que surgen del fondo del pueblo, alusiones literarias, gráficas descripciones, palpables y a veces opresivas, realizadas con la precisión de un reportaje”.

En ese mundo creado por García Márquez, quizá sea la muerte el punto de inflexión entre una y otra historia. Pero, según lo dicho por la Academia, “ese sentimiento trágico de la vida, que alienta en las obras del escritor, expresa a su vez una fuerza vital a un tiempo aterradora y edificante de lo vivo y lo real”.

Mención especial hubo también para la fecunda obra del escritor y el reconocimiento internacional de gran magnitud que produjo la aparición, en 1967, de su novela “Cien años de soledad”, quizá la más aclamada de todas, traducida a diversos idiomas y de la que se han editado millones de ejemplares hasta hoy en día. “Cada nueva obra suya”, sentencia la Academia, “es considerada por una crítica y un público expectantes, como un acontecimiento de trascendencia internacional y se traduce y publica rápidamente en numerosos idiomas y grandes tiradas”. “Crónica de una muerte anunciada” completa, según la Academia sueca, “la imagen de un autor que reúne en su persona un talento narrativo desbordante, casi abrumador y la maestría del artista de la lengua, consciente de su técnica, disciplinado y poseedor de un amplio bagaje literario”.

“La literatura latinoamericana muestra, desde hace un tiempo, una vitalidad que apenas se encuentra en otro ámbito literario y tiene conquistada una posición que es seguida con particular interés en la vida cultura de nuestro tiempo. Es este un continente donde se entrecruzan multitud de impulsos y tradiciones. Elementos de cultura popular, por ejemplo, la narración oral, reminiscencias de culturas indias altamente desarrolladas, corrientes del barroco español de diferentes épocas, influencias del surrealismo y otras corrientes literarias europeas. Todo ello mezclado produce una bebida vivificante y rica en especies de las que, García Márquez y otros escritores latinoamericanos, extraen su material e inspiración”, expresaba la justificación del premio otorgado a García Márquez, ubicándolo en el contexto de un continente cuya vitalidad y frescura creadora tenían reconocimiento universal.

La adjudicación del premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez, no causó sorpresa alguna ni polémica, a diferencia de muchos otros casos, como el más reciente concedido a Bob Dylan, todo lo contrario, la calidad de su obra era ya conocida y valorada a nivel internacional, dicho de otro modo y parafraseando el título de una de sus obras, era la “Crónica de un premio anunciado”. El día del anuncio del Premio, toda Colombia estalló de júbilo, las emisoras de radio entonaron en su honor el Himno Nacional, las calles se llenaron de fiesta, los taxistas hacían sonar el claxon, entre muchos otros gestos.

García Márquez siempre citaba la incongruencia de no que ni Leon Tolstoi, Henry James, Marcel Proust, Franz Kafka, Joseph Conrad, Joyce y Rainer Maria Rilke hubieran obtenido el galardón, sin duda, un claro gesto de humildad y reconocimiento a la obra de grandes personajes de la literatura de todos los tiempos. A este gesto habríamos de añadir que, García Márquez a diferencia de otros escritores, ha dejado constancia en su obra, de su prodigiosa habilidad para el periodismo, del que decía “es el mejor oficio del mundo”, relatando magistralmente grandes episodios de la historia contemporánea.

García Márquez fue un hombre comprometido con las causas justas, siempre enarboló con gallardía el estandarte de la dignidad nacional y latinoamericana. Para los pueblos latinoamericanos su consagración equivalía además al triunfo del respeto a los derechos humanos frente a la barbarie y las injusticias perpetradas contra los olvidados, los de a pie. Cambian los tiempos, personajes se crean y de destruyen, surgen nuevas amenazas contra la dignidad humana, pero la obra de García Márquez seguirán siempre vigente y, sin duda, el mejor homenaje a su grandeza, es leerlo una y otra vez.