¿ POR QUÉ NO COINCIDO CON CRESPO EN EL VOTO NULO INTENCIONADO?

Por Rogelio Aguilar Cruz.

Analista.

Antecedentes.

La democracia es la antítesis de la monarquía y de la oligarquía. Estas últimas son las manifestaciones originarias del poder político. De hecho, Mariano Grondona, en sus documentos sobre Historia de la democracia, sostiene que el principio no fue el pueblo (demos) sino el jefe (arkhos).

Sus orígenes etimológicos de la palabra poder, se encuentran en la voz indoeuropea “porti”, que significa “jefe”. De ella deriva el griego despotes, que significa “jefe” o “amo”. En esa época, el primer elemento político que existió entre los seres humanos fue el poder del jefe.

Contrario a todo ello, la democracia tuvo cabida por primera vez en Atenas y después en Roma. No detendré la pluma en Historia sobre la democracia y sus contenidos, porque me ubicaré en la Democracia contemporánea.

La Democracia contemporánea se ubica en Inglaterra en 1688 y desde su constitución, su premisa es la elección. La Cámara de los comunes era elegida por un padrón electoral minoritario primero y mayoritario después. Mientras que los anglosajones produjeron dos revoluciones exitosas, aunque discretas, los franceses produjeron una revolución fracasada, pero gloriosa. Estos dos países detonaron hacia todo el mundo, esta nueva forma de gobierno.

REALIDADES.

Sin embargo, la democracia ha tenido un camino sinuoso, rumbo a su objetivo primero y último: el sufragio. Se ha pasado desde 1828, del voto censitario, que solo permitía votar a ciudadanos inscritos en el censo impositivo, es decir solo votaba la alta aristocracia; pasando por los inicios del siglo XX, en la que la democracia solo alcanzaba para universalizar el voto al electorado masculino. Aún mejor, la contra-ola autoritaria, tuvo un triunfo contundente después de la segunda Guerra Mundial, con la inclusión del voto femenino. Es precisamente a partir de 1944, que en el mundo se inició la ola democratizadora en este rubro.

Ahora bien, en la democracia es necesaria y obligada la ciudadanía, porque esa fue la lucha gestada por los hombres y mujeres, para que de manera libre, consciente y responsable, pudieran elegir a sus gobernantes. Una historia, que además de sangrienta, eliminó el monopolio al sector económico fuerte de esas épocas (aristocracia).

T.H. Marshall sostiene que la ciudadanía es aquel status que se concede a los miembros de pleno derecho de una comunidad, siendo sus beneficiarios iguales en cuanto a los derechos y obligaciones que implica. También el teórico inglés menciona que las dimensiones de los derechos son 3: civil, política y social.

Esta conceptualización del inglés, permite darle paso a las fases y dimensiones de sus derechos, que a través de los siglos, ha tenido que combatir la sociedad, violentas en algunas, ideológicas en otras.

Ahora bien, en el México actual, se debate, como la sociedad ante el desencanto de sus gobernantes, ha optado por dos situaciones: se abstienen de votar y en los últimos años, académicos, medios de comunicación y líderes de opinión, han fomentado el voto nulo ( voto blanco en las elecciones del 2009).

Sin embargo, sostengo que la creación del sufragio, está destinado a que el elector elija a sus gobernantes o representantes. No se concibe que se forme o cree un proceso para votar, en el que la persona, asista ¿para no votar?. Sería como construir un puente y ya realizado, con martillos, nos dedicáramos a derribarlo. Costó demasiados años, construir y ganar terrenos con la ciudadanía, que ahora justo que tenemos más posibilidades de elegir candidatos ciudadanos e independientes, no hagamos uso de ese proceso democrático.

La abstención activa (considerada como la votación anulada de forma intencional), se manifestó en las elecciones federales del 2009. Su asociación fue el rechazo hacia los políticos y hacia los partidos políticos. Sus iniciadores fueron Sergio Aguayo y José Antonio Crespo.

Lo que me causa extrañeza es como alguien con la trayectoria y méritos profesionales como Crespo, insista en el voto nulo, cuando el volumen de los votos nulos en la elección federal del 2009, fue de 5.4, y la media del periodo comprendido entre 1991 y 2009, es de 3.5; dicho de otro modo, la campaña del voto nulo ( voto blanco ), realizada en las elecciones del 2009 únicamente repercutió aproximadamente 1.9 puntos porcentuales, que en nada son representativos, para sacudir al actual sistema.

Por el contrario, ese 1.9 puntos porcentuales, llevado a este Proceso 2015, puede ser útil, para designar a gobernantes independientes o representantes en el gobierno, emanados de partidos o movimientos, en los que su proceso sea 100% ciudadanos. De allí, sin temor a equivocarme saldrán regidores, presidentes municipales, diputados locales y federales, de carne y hueso a quienes sí se les puede exigir y pedir cuentas. Por el contrario, considero que pensar al igual que Crespo y el 1.9.% es engordarle el caldo a los partidos cuyas maquinarias de movilidad electoral, no sólo surgirán, sino incrementarán sus votaciones, sus representaciones proporcionales y sus prerrogativas.

Por ello, quien piense que el voto nulo es más útil, eliminará la posibilidad de pedirle cuentas a ciudadanos independientes y libres, de carne y hueso y dará paso a deformar la construcción que por muchos siglos llevó la ciudadanía.

¡¡¡¡¡No al voto nulo!!!!!

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