GUATEMALA SIN SUS NIÑAS. MÉXICO Y CHIAPAS ANTE UNA LECCIÓN IMPOSIBLE DE IGNORAR.

27 de Marzo de 2017 / 13:00 Hrs.

Escrito por Alma Urtecho Pineda

Es imposible ser mujer y no sentir en las entrañas el lamentable suceso del pasado 8 de marzo en el “Hogar Seguro” de la Virgen de la Asunción” de Guatemala. Cada que escucho o leo “Hogar Seguro” me pregunto: ¿hogar seguro? ¿Puede ser llamado así un lugar en el que niñas y niños viven en condiciones de hacinamiento y ejercen sobre ellas y ellos diversas formas de violencia, pese a ser creado para proveer las condiciones de seguridad que les fueron negadas en sus familias?

Con este hecho, nuevamente se pone de manifiesto la indolencia de los gobiernos y las instituciones, independientemente del país en cuestión, ante el dolor de una población vulnerable. En este caso, como en muchos otros, esta vulnerabilidad se refuerza por diversas razones, son mujeres, son pobres, son niñas y muchas no tienen un apoyo real en las familias a las que pertenecían.

En la Consulta de América Latina en el marco del Estudio del Secretario General de las Naciones Unidas sobre la Violencia contra los Niños, 2006 se integran las percepciones de niñas y niños en torno a la violencia, del cual podemos rescatar los siguientes fragmentos:

“Lo que más se mira en esta comunidad son las violaciones así de mujeres, niñas menores de edad, de toda edad. […] A las mujeres la obligan a que se prostituyan y a los niños a que vayan a robar”.
“En algunos casos los padrastros violan a sus hijastras y también les pegan mucho o las maltratan. Hay padres que abusan de sus hijas en la familia Las violan. Los padres pueden embarazar a sus hijastras”.
“Miedo, miedo, inseguridad también, se sienten sucias, ponga si es una violación, ya les da como miedo si alguien le propone matrimonio, ya les da miedo tener relaciones con su pareja, ellas se sienten sucias. Solas, solas. Tienen miedo de relacionarse con las demás personas debido a lo que ya sufrieron”.
Niñas, Guatemala

Hablamos de niñas quienes ya tienen preocupaciones de adultas, saben qué es violencia sexual, saben qué es violación, saben que cualquier persona puede violentarlas, inclusive sus padres. Muchas niñas de ese “Hogar Seguro” llegaron ahí precisamente por estas razones y para su mala fortuna fue ahí donde volvieron a experimentar aquello de lo que se supone habían sido salvadas.

Hay antecedentes de denuncias de violencia sexual ante la procuraduría de los derechos humanos de ese país contra el hogar seguro de la virgen de la asunción desde 2013 pero es hasta finales de 2016 que se emiten recomendaciones para compensar el listado de deficiencias encontradas.

Sin embargo a las niñas se les acabó la paciencia después de las denuncias presentadas en juzgados por maltrato y violaciones y al no tener respuestas favorables, el 7 de marzo algunas internas se fugan, la policía las localiza y devuelven al infierno en el que sobrevivían, fueron encerradas bajo llave en una habitación muy pequeña y tras exigir sin éxito que las sacaran de ese lugar, una de las menores decide provocar un fuego a modo de presión para lograr que quienes la tenían cautivas abrieran la puerta. Lo que nunca imaginó es que no abrirían, que habían sido encerradas con candado, todo indica que con el objetivo de escarmentarlas.

Conocemos el desenlace, 19 niñas calcinadas en esa habitación, y muchas más heridas gravemente, cuarenta el total de víctimas fallecidas al día de hoy y aún hay niñas internas en estado crítico.

Entre toda esta triste historia de negligencia y dolor existen números que deberían preocuparnos y ocuparnos a todas las personas, independientemente del país en que habitemos, las poblaciones vulnerables deben ser escuchadas y atendidas.

En Guatemala por ejemplo, en torno al problema de violencia sexual y de acuerdo con datos de su Instituto Nacional de Ciencias Forenses, en 2015 fueron denunciadas 8245 violaciones, cifra que se traduce en 22.6 violaciones diarias o 687 mensuales, las víctimas 822 hombres y 7423 mujeres. Empero no hay registro de las cifras exactas acerca del número real de víctimas, puesto que la mayor parte de los casos no son denunciados.

En México, el panorama no es diferente la incidencia de violencia sexual ha incrementado considerablemente en los últimos cinco años, datos del Diagnóstico sobre la atención de la violencia sexual en México (2016), estudio financiado por la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) de 2010 a 2015, registran cerca de tres millones de casos, lo que equivale a casi 600 mil al año y a mil trescientos cuarenta y cinco al día. El 90% de las víctimas son mujeres y de igual modo, no todos los casos son denunciados, por lo tanto la cifra podría ser más inquietante todavía.

El 18. 7 por ciento de las mujeres chiapanecas de 15 años en adelante, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2011 (citado en las estadísticas a propósito del día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, Datos de Chiapas noviembre 25, 2015), ha experimentado violencia sexual en algún momento en su vida. Tomando en cuenta el semáforo delictivo, en enero de 2017 se registraron 49 casos de violación en nuestra entidad.

Con base en las cifras obtenidas a nivel nacional podemos notar que es alarmante el número que estima la CEAV, y no podemos dejar a un lado la cifra negra de casos no denunciados. La cultura de la denuncia se ve perjudicada, por la tendencia a responsabilizar a las víctimas y no a los agresores, el miedo hacia los perpetradores quienes son familiares o personas cercanas a la familia de la víctima y la poca confianza que se tiene en las autoridades quienes se muestran insensibles ante la dolencia de las personas agredidas.

Si bien el panorama en torno a las agresiones sexuales en México es perturbador, lo ocurrido en Guatemala, desde las denuncias hasta el incendio, debe servir como ejemplo de lo importante que es monitorear los centros donde se alojan niños y niñas, llámense albergues, centros tutelares, alojamientos de asistencia social u otros, las personas que ahí se encuentran deben ser escuchadas y atendidas, quienes laboran en esos centros deben ser sensibilizados y capacitados para proveer de atención adecuada e integral y las autoridades deben invertir en dichas capacitaciones, en mejora de instalaciones y abastecimiento de insumos; así como desarrollar un programa efectivo de prevención del delito, de atención a las víctimas y primordialmente establecer castigos severos para agresores.

Y a la ciudadanía, solo nos queda seguir adelante, protegernos, proteger a nuestra niñez y exigir a nuestras autoridades acciones claras y sustantivas en contra de las violencias sin importar el tipo del cual se trate, apoyar a las personas violentadas y no responsabilizarlas de un acto infame que no pudieron evitar.

Para finalizar, debemos tener claro que lo sucedido en Guatemala es solamente la punta de un iceberg de enorme tamaño con presencia en América Latina obviamente incluyendo nuestro país, la problemática de fondo es más grande, pese a ello es muy fácil ignorarla porque está oculta y nos distrae con lo poco que deja a la vista.

https://www.unicef.org/lac/consulta_lac_violencia(3).pdf

http://www.inacif.gob.gt/docs/estadisticas/anual/AnualC2015.pdf

https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/116334/ResumenEjecutivoDiagno_sticoViolenciaSexualCEAVmzo2016__1_.pdf

http://www.sedem.chiapas.gob.mx/uploads/estadisticas/secundarios/Violencia_contra_las_Mujeres_2015_Chiapas.pdf

http://www.semaforo.com.mx/

http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/boletines/2016/especiales/especiales2016_09_04.pdf